Una Flor Roja con el Tallo Verde

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Hoy os voy a contar un cuento.  Quería reflexionar con los que me leéis cómo vamos perdiendo nuestra manera genuina de ser.

Desde que somos niños los mensajes que nos mandan van a ir formando nuestra forma de estar en el mundo, olvidándonos realmente  de quienes somos y acabando con nuestra forma creativa , única y auténtica. El cuento que os traigo es un reflejo de como terminamos con nuestra espontaneidad y nos adaptamos, perdiéndonos a nosotros mismos.

Te propongo que vuelvas a ganar confianza y vuelvas a creer en ti mismo, en tu forma de hacer las cosas, en tu creatividad ya que es única y maravillosa.

Una flor roja con el tallo verde

Era el primer día de clase para María, estaba un poco asustada pero con muchas ganas de aprender y conocer a nuevos amiguitos. Después de haberse hecho un poco de lio y perderse varias veces, ya que su colegio era muy grande, había encontrado su aula y estaba ya sentada en su mesa, cuando escucho al profesor.

El se llamaba Juan, era muy alto y su aspecto era agradable:
-Hoy vamos a dibujar.

A María le entusiasmaba la idea, le gustaba dibujar y sabia hacer infinidad de cosas;leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos. Sacó su caja de lápices y cuando iba a empezar a dibujar escucho de nuevo al profesor que dijo:

– Esperen, vamos a dibujar Flores

-¡Bien! – pensó María, también le gustaba dibujar flores, y empezó a dibujar una de lindos colores rosa, naranja, azul…

Entonces el profesor dijo;
– Esperen, yo les enseñaré como se hacen, y dibujó en la pizarra una flor roja con un tallo de color verde. – Ahora ya pueden empezar.

María miró su flor, después miro la pizarra , a ella le gustaba más la suya, pero no se atrevía a decir nada , tiro su papel y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual que la de su profesor.

Otro día de clase Juan dijo: -Hoy vamos a trabajar con plastilina.
María se puso muy contenta, le encantaba amasar plastilina y sabia modelar montones de cosas: coches y camiones, elefantes y conejos, casitas y muñecos de nieve…

Tomo la masa de plastilina y cuando iba a empezar a amasarla, escucho de nuevo la voz de Juan;
-Esperen vamos a hacer una víbora-.

-!Bueno!, pensó María, también le gustaba hacer víboras y empezó a hacerlas de diferentes tamaños y formas.

Entonces Juan dijo.-Yo les mostrare como se hacen- Y se puso a modelar una víbora bien grande y alargada. -Ahora ya pueden comenzar-.

María miró a sus viboritas y después miro la de su profesor. Realmente le parecían mas bonitas sus viboritas, pero no se atrevió a decir nada, aplasto a sus viboritas y volvió a amasar la plastilina y modelo una víbora grande y alargada.

Así fue pasando el tiempo, y María aprendía a esperar, observar y a hacer las cosas como las hacía el profesor, y fue dejando de hacer las cosas por si misma.
Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y María tuvo que cambiar de colegio.
El primer día de clase, Ana la nueva profesora de María, les propuso hacer un dibujo. María se quedo esperando para saber cómo tenia que hacerlo, pero Ana no decía nada, sólo miraba a la pizarra. La profesora miraba a su nueva alumna y veía que no estaba dibujando y le pregunto:
-¿No quieres empezar tu dibujo?

-Sí, dijo pero ¿Qué vamos a dibujar?-, contesto María.

-No lo sé hasta que tú no lo hagas- dijo la maestra.

-¿Y cómo lo hago? – preguntó María.

Ana estaba un poco sorprendida y le dijo -De la manera que tu quieras-.

-¿Y de cualquier color?- Volvió a preguntar María

-Si de cualquier color -dijo la profesora. Si todos hacéis el mismo dibujo y usáis los mismos colores ¿Cómo podría yo saber de quien es el dibujo?-.

María se quedo realmente confundida y no sabía que dibujar, después de un rato tomó sus lápices y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo de color verde.

He querido traeros este bonito cuento para hacer una reflexión de como los niños van perdiendo su capacidad de crear y cómo vamos perdiendo nuestra capacidad de hacer las cosas y la posibilidad de ser nosotros mismos. Poco a poco dejamos de saber que queremos, quienes somos y nos apartamos de nuestra esencia.

*La imagen pertenece a una alumna mía, su edad era de seis años. Ilustramos todo este cuento para enseñarles lo importante que eran sus dibujos para mi, y que me encantaba que se expresarán a través de sus pinturas.

 

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